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Emocionar para enseñar

Emocionar para enseñar: una puerta a infinitos y perdurables conocimientos

 “Lo que no se hace sentir no se entiende, y lo que no se entiende no interesa.” Simón Rodríguez.

Por naturaleza, los seres humanos somos individuos curiosos. Podría decirse que es debido a nuestro empeño por querer entender y comprender todo lo que nos rodea. Desde que nacemos, lo primero que hacemos es abrir nuestros receptores e investigar cómo es el mundo. Asimismo, funciona el proceso de enseñanza–aprendizaje, el cual también forma parte de esa innata curiosidad que forma parte de la vida misma.

Las emociones, igualmente son una reacción natural de cada persona, que pueden definirse como una reacción subjetiva a los estímulos experienciales marcados por factores físicos y externos. Podrían describirse, en otras palabras, como las respuestas que tenemos frente a lo que nos pasa en el día a día. Es aquí donde surge entonces la siguiente interrogante, ¿es posible que las emociones influyan en nuestro proceso de aprendizaje?

La respuesta es, . Está comprobado que las emociones intervienen en varios aspectos de nuestras vidas, entre ellos fomentar el aprendizaje, ya que son capaces de estimular la actividad de las redes neuronales y reforzar las conexiones sinápticas. Por lo tanto, queda evidenciado que los aprendizajes se consolidan de mejor manera en nuestro cerebro cuando se involucran las emociones.

En la actualidad, muchas escuelas saturan a sus estudiantes con conceptos, basados en pautas y lineamientos, los cuales resultan ser no trascendentales y se olvidan rápidamente, cuando en lo que realmente debe trabajarse, es en que los alumnos logren adquirir conocimientos por medio de circunstancias que queden fijadas en su memoria. Entender el "para qué".

Una forma de conseguir esto, es haciéndolo, a través de experiencias diferentes, es clave que los maestros logren sorprender a sus alumnos dejando de lado el concepto de creer que ya conocemos todas las formas de educar y que ya está predeterminado lo que nos espera en el aula de clases.

Durante cualquier sesión de aprendizaje, es inevitable que los alumnos y sus maestros establezcan conexiones, el lenguaje verbal y corporal incide en el proceso educativo. Asimismo, cada maestro funge como mediador, orientador, guía o promotor del proceso de enseñanza. Y es por esto por lo que, el desarrollo formativo requiere de ritmos diferentes, una experiencia más personalizada, con elementos llamativos que logren despertar los sentidos, y sobre todo compromiso, dedicación y mucha creatividad.

La emoción de aprender

En el proceso de búsqueda de conocimientos, las emociones son importantes herramientas sobre todo cuando de formar el pensamiento propio se trata. Uno de los aspectos que los maestros deben tener en cuenta es que las emociones son la base de todo lo que como individuos hacemos. Es allí entonces cuando la idea de emocionar es una perfecta vía para lograr un aprendizaje aún más duradero.

Es también importante reconocer ciertas diferencias antes de enseñar emocionando, ya que las emociones positivas como la alegría están relacionadas con resultados provechosos del aprendizaje. Es decir, cuando el ambiente en el aula es positivo, la recepción de los estímulos externos en el cerebro emocional es totalmente dinámico y eficaz. Es así como, los conocimientos se adquieren con mayor facilidad y se mantienen en el tiempo. Diferentemente, cuando el aprendizaje se acompaña de emociones negativas como la rabia y el miedo, el efecto es contrario.

Emocionar es un reto

Nuestros maestros y profesores hoy tienen el desafío de crear oportunidades para que los estudiantes encuentren un significado a todo lo que hacen, por ello es necesario crear estímulos que les permitan transformar el acto educativo en una experiencia de aprendizaje divertida y productiva.

Debemos recordar siempre que, la emoción es una característica vital en los seres humanos, y que a través de ella exteriorizamos nuestro verdadero ser. Aunque algunos no lo creamos, cada uno de nuestros movimientos, decisiones y expresiones provienen de nuestras emociones, y por supuesto la educación no es ajena a esta influencia.

La enseñanza a través de emociones, hoy se convierte en una herramienta necesaria no solo para el aprendizaje escolar, sino para enfrentar los desafíos diarios. Por ello, es necesario empezar a ver más de cerca cómo las emociones pueden afectar distintos procesos como la memoria y la atención, y como ayuda no solo a los docentes en el momento de dar clases, sino también a los alumnos, y que sepan cómo pueden influir en su aprendizaje.

Finalmente debemos tener en cuenta que, cada día se hace más imprescindible la enseñanza emocional, el "sorprendizaje" y el autoconocimiento para generar más y mejores estrategias para aplicar en la escuela del futuro.

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