28 de agosto
La educación y los dispositivos móviles

Artículo  original escrito por Carlos Matute González para: cronica.com.mx

Estos días de reingreso a clases, mientras espero pacientemente en el congestionamiento que ocasionan la entrada a las escuelas, las típicas doble y triple filas de automóviles en pleno eje vial —escena que se reproduce en cualquier colonia de cualquier ciudad del país—, veo niños encorvados por el peso de las mochilas.

“En las mochilas, los niños suelen llevar cuatro cuadernos tamaño profesional, alcanzando un peso de un kilo con seiscientos gramos, más tres libros de texto que pesan entre 4 y 5 kilogramos, la mochila de dos kilos con una cartuchera de 900 gramos, un diccionario de 400 gramos, a veces cargan folders y su lonchera que puede pesar hasta dos kilos y medio” (El Universal, 21-08-17). Los niños cargan en promedio 12 kilos.

¿Qué no existen dispositivos móviles? Dejo a un lado las cuestiones de salud, aquello de las lesiones vertebrales, los dolores lumbares y la técnica de cargado de la mochila y prefiero concentrarme en la era digital y la educación para generaciones del futuro. Hoy hay, por lo menos, dos tipos de analfabetismo: quienes no saben leer y escribir así como quienes no saben usar los dispositivos móviles.

En ese sentido, hay algo de anacrónico en la impresión en papel y distribución de los libros de texto gratuitos. ¿Realmente es necesario el gasto y esfuerzo de entregar a todos los estudiantes de primaria y secundaria este tipo de libro físicamente? Además, hay un orgullo auténtico cuando los directivos de la Conaliteg informan que su compromiso es entregarle al 100%, se esfuerzan para lograrlo y sólo por excepción hay niños que no los reciben.

¿No vale la pena mejor hacer una selección de grupos que lo requieren? ¿El dinero que se invierte en la impresión y la distribución no sería mejor gastado en un apoyo para la compra de un dispositivo móvil? En el siglo XXI, la lectura no se puede disociar del dispositivo móvil y el papel pasa a un segundo plano. El propósito de la UNESCO es que la población mundial sea cubierta en su totalidad por una red móvil y tenga acceso a la nube. “El precio de la conectividad de datos necesarios para leer un libro de acceso abierto puede ser tan bajo como dos o tres centavos, mientras que el costo del equivalente impreso es de 10 dólares” (Notimex, 22-08-17).

La lectura —los libros impresos o digitales— tiene como función primordial que las personas desarrollen la capacidad de comunicarse y fomentar la creatividad y la fantasía. Hay muchas iniciativas gubernamentales y del sector privado que abandonan las estrategias tradicionales y prefieren fomentar la lectura en la era móvil.

Hagamos sumas. El presupuesto de la Conaliteg asciende aproximadamente a un poco más de mil millones de pesos, más un 30 por ciento que aportan los estados para la distribución de libros, asciende a 1.4 miles de millones. Agreguemos 29.1 de pesos del gasto social destinado al apoyo para la compra de útiles a familias de escasos recursos. Esto nos da un total de 30.5 millones de pesos al año. Esta cifra multipliquémosla por 6 años del ciclo de primaria y dividámosla entre el número de niños en primarias con alto grado de marginación y obtendremos una cantidad superior a la que se necesita para dotar de un dispositivo a un niño para la lectura, escritura y dibujo en medio digital. Eso si suponemos sólo se proporciona una tableta cada 6 años.

Un niño competente en el manejo de la realidad virtual, que es la forma más extendida de comunicación, tiene más probabilidades de incorporarse productivamente en su vida adulta a la sociedad. Los grandes lectores de libros de texto en papel sólo tienen a su disposición el método de aprendizaje en medios impresos que por su disponibilidad es limitado si se compara con el medio digital, que implica incluso el acceso a distancia a cualquier biblioteca del mundo.

Es cierto que la era digital tiene peligros por el amplio espectro de información que pone a disposición y consumo tanto de niños como adolescentes, sin embargo, estos son menores a los efectos que tiene la ignorancia generalizada y el analfabetismo digital en la productividad de una sociedad.

Un mal libro, impreso o digital, no contribuyen al desarrollo del ser humano. Si bien la red puede estar saturada de malos contenidos, esto debe contrarrestarse con la enseñanza primaria y secundaria que debe ayudar a manejarla correctamente y en el mejor provecho del educando. La baja calidad de la información en internet no debe ser un argumento para no facilitar el acceso a los medios digitales como no lo es la publicación de un mal libro para invitar a la lectura de otros.

La era digital tiene sus dificultades burocráticas. En 2017 se canceló la entrega de tablets en las primarias (El Economista, 02-11-16). Hay que revisar los esquemas de distribución y los grupos opositores a este tipo de política pública. Ya quedó demostrado que no es factible mantener ambas estrategias simultáneamente, distribución de libros gratuitos y entrega de dispositivos móviles. No hay que quitar el dedo del renglón. Sólo evolucionando hacia un nuevo modelo educativo en los aspectos de los elementos de apoyo al aprendizaje dejaremos de ver la escena de los niños cargando mochilas de 12 kilogramos de peso.

 

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